En contraste con los sistemas educativos de la región, donde la educación representa un importante negocio y se encuentra cada vez más deteriorada, el caso cubano se ha sostenido en una concepción totalmente distinta, donde el Estado, la comunidad y las familias comparten la responsabilidad de educar.
Hoy, en un contexto global marcado por la cara más cruda de este sistema injusto y desigual, esta experiencia se vuelve más vigente que nunca al igual que la necesidad de solidarizar con Cuba y su Revolución.